
Siempre se ha dicho pero ahora, más que nunca, es evidente que “la información es poder”. No se trata de una frase sino de una fuerte realidad: La información es uno de los activos más valiosos de una empresa, posiblemente más allá de los activos físicos, el elemento humano o la tecnología.
Es por eso que las empresas que están en el camino de la eficiencia buscan nuevas maneras de extraer valor de la información que poseen. Esta información puede ser la relativa a clientes, mercados, transacciones, servicios, productos y experiencias comerciales, por mencionar sólo algunos aspectos.
Lo que se busca con la recopilación, análisis y uso de esta información puede estar enfocada a: maximizar ganancias, disminuir costos, mitigar riesgos y, en general, a ser la base sobre la cual se pueda trabajar para cumplir con los objetivos que la empresa se fije.
Sin embargo, el reto al que se enfrentan las empresas es a que la gran cantidad de datos –tanto estructurados (en bases de datos) como no estructurados (por ejemplo, correo electrónico, documentos escaneados, videos, imágenes, hojas de cálculo, etc.) – está creciendo a ritmos cercanos al 50% anual, generando altos costos de gestión y falta de visibilidad.
